Tras releer tranquilamente el artículo «Los niños oyen ‘no’ por primera vez en el cole» que comentamos en clase, y acordándome un poco de los comentarios de mis compañeras, se me ha venido a la mente la palabra dismorfia. Dismorfia corporal, tal y como dijo recientemente la artista Lola Índigo en uno de sus conciertos, es “cuando empiezas a distorsionar tu propia imagen de tu cuerpo por lo que dicen los demás, por lo que ves en redes sociales, por lo que ves en televisión…”.
De esto he creado un nuevo término, la dismorfia educativa, aún que más concretamente la dismorfia del profesorado. ¿Por qué? Porque el profesorado español tiene muy mala fama. Lo primero, y casi lo único, que dice las personas cuando alguien comenta que es profesor es: “¡Qué suerte! Cuántas vacaciones tenéis”. En el artículo hay una frase que me ha llamado mucho la atención que la comenta Marimar, profesora de segunda generación, “Las tenemos contabilizadas para no acabar desquiciados… El maestro se está muriendo y no falta a trabajar por muchos motivos.”
Esta frase no podría ser más cierta. Una profesora no es solo las horas que da clase, una profesora es: las horas que se pasa preparando sus clases, las horas que pasa formándose de manera continuada, las horas que pasa preparando y corrigiendo exámenes, las horas que tiene de tutoría, loas problemas que se lleva a casa, las horas que pasa preparando actividades curriculares y no curriculares para poder motivar a sus alumnos… Un profesor y una profesora es mucho más que los dos meses de vacaciones que tiene al año, desgraciadamente eso no se ve ni se valora para el resto de la sociedad.
Los profesores tenemos las vacaciones contabilizadas para no acabar desquiciados... El maestro se está muriendo y no falta a trabajar por muchos motivos.
Marimar, profesora de segunda generación Tuit
Hilándolo un poco con esa misma frase, el artículo trata también de un tema que me resulta muy interesante: la formación del profesorado.
En el ámbito que nos acontece, la educación secundaria, sí ha habido en cuanto a la formación del profesorado. Anteriormente, con la ley orgánica 1/1990 de 3 de octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), existía el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP) que era el requisito indispensable en España para que los licenciados, ingenieros, arquitectos o equivalentes pudieran ejercer la enseñanza secundaria. El curso 2009/2010 fue el primero en el cual no se impartió el CAP, gracias a la ley. En su lugar se implementó un Máster específico para este fin, debido a la entrada en vigor del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conocido como Plan Bolonia. Esto se debió precisamente a intentar reformar la formación del profesorado.
Actualmente se está planteando que este Máster se prolongue y en vez de un año lectivo sean dos, según propuso la ministra de Educación y FP, Pilar Alegría, el pasado año 2022.
Esto nos hace pensar que poco a poco se pretende mejorar la formación del profesorado de educación secundaria obligatoria, pero eso es formación previa a la docencia. ¿Qué pasa con la formación continua dentro de la docencia? Desgraciadamente o afortunadamente eso sigue dependiendo del propio docente, del compromiso que tenga, de la motivación o desmotivación, la carga de trabajo, sus medios y muchos más factores variables.
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